¿La cuarentena “positiva”? Parejas y familias que encontraron su mejor versión

Juan y Ana, padres de Pedro, de 5 años, quienes antes de la pandemia venían a consulta, me confiesan que aunque les da vergüenza decirlo -porque saben que la gran mayoría de sus conocidos la está pasando mal- en cuarentena se unieron un montón y aquellos problemas con los que venían pudieron hablarse. Ellos encontraron un funcionamiento de pareja y familia del que están agradecidos.

Rodrigo me confiesa que antes de la pandemia cuando volvía del trabajo llegaba cansado y que, además de no tener ganas, no sabía como conectarse con sus hijos. Gracias al aislamiento preventivo por el Covid-19, generó con ellos distintas actividades, y siente angustia de que se corten cuando tenga que volver a trabajar tantas horas.

Estos relatos de pacientes sirven para ilustrar algo que muchos sentimos, pero a veces no nos atrevemos a expresar: a pesar de los estragos que todavía sigue causando este virus en todo el mundo, hay personas que pudieron sacar cierto provecho y obtener una mejor versión de ellos mismos como personas y en el vínculo con sus parejas y familias.

El malestar en la familia, en números

Es indudable que la angustia y la incertidumbre, sumadas al estrés de tener que seguir cumpliendo con sus trabajos, ser padres y por momentos maestros de sus hijos, repercutieron negativamente en la mayoría de las personas.

De hecho el convivir bajo un mismo techo y prácticamente no poder salir, sobre todo en el primer tiempo del aislamiento social y preventivo que se dispuso en Argentina, produjo muchas situaciones de violencia o al menos de intolerancia entre los convivientes.

Así lo demuestra una encuesta de percepción y actitudes de la población (“El impacto de la Pandemia Covid-19 en las familias con niñas, niños y adolescentes") solicitada por Unicef entre el 8 y el 15 de abril de 2020 y realizada de manera telefónica a 2.678 hogares con niñas, niños y adolescentes de Argentina. Se pudo tomar conciencia de que en el 20% de los hogares se identificó que hay más enojos y discusiones: un 50% entre adultos, 30% entre adultos e hijos e hijas y 19% entre los hijos e hijas.

Un stop en las rutinas

Pero hay otras experiencias. Como en los casos mencionados al principio, este parate de las alocadas rutinas cotidianas, produjo un respiro de ese automatismo y abrió la posibilidad de encontrarse de otra manera. Disponer de más tiempo permitió realizar ajustes creativos en los hogares.

Muchas parejas encontraron espacio para poder conversar de aquellos temas pendientes, que en el medio del bullicio cotidiano eran evitados porque generaban discusiones que no llegaban a nada. Otros refieren que también su sexualidad ha mejorado, transformándose en verdaderos encuentros al no estar tan agotados por tantos traslados en medios del caos citadino. Algunos hasta disponían de espacio para quedarse charlando y compartiendo unos mates o un vino al acostarse sus hijos.

En cuanto a las familias, una vez que pudieron organizarse para distribuir el tiempo entre el trabajo, las escuela de los hijos y la adaptación a la virtualidad y tantas pantallas, también pudieron encontrar muchos más espacios para compartir y disfrutar del beneficio de estar todo el día juntos. Esto a muchos niños los benefició un montón, al contar con sus padres todo el día en sus hogares mejoró el vínculo padres-hijos y entre hermanos -por falta de vínculos externos, aprendieron a estar más cerca y compartir mucho más-.

Revalorizar la necesidad de vincularnos

Aunque todavía falta un trecho para que aparentemente todo esta película tenebrosa e increíble se termine, haberla atravesado como humanidad producirá muchos cambios en nuestra manera de vincularnos, y aunque -como ha sucedido en otras épocas traumáticas de la historia mundial-, se requiera de tiempo de elaboración para readaptarnos, tenemos que saber que justamente lo que nos ha hecho sobrevivir es esa capacidad.

La idea es aprender de todo esto y seguir evolucionando. Quizás uno de los grandes desafíos que nos toca es revalorizar la necesidad de vincularnos y volver a poner en primera plana a la pareja y la familia como refugio y posibilidad de expandirnos a vínculos realmente nutritivos. Defendiendo con uñas y dientes ese espacio de pareja y de familia que sí supimos conseguir, buscaremos la manera de mantenerlo y no volverlo a entregar a la alocada cotidianeidad en la que estábamos inmersos.

Buscábamos salir muchas veces para no vernos en realidad, porque no sabíamos como relacionarnos; ahora, o a partir de ahora, tenemos una nueva oportunidad, no la desaprovechemos.

Comentarios

Comentar artículo